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Lo que a nadie le importaSinopsis del editor

“Calla, que de ti no quiero ni que me cierres los ojos.” “Con esta sentencia disparada contra su mujer, el octogenario José Molina rompe en su lecho de muerte un silencio al que se ha aferrado durante décadas. Esta frase se instala en la mente de su nieto de diecisiete años, que por primera vez intuye que detrás de ese abuelo adusto, seco y bronco se esconde un pasado de cicatrices y miedos. Años más tarde, el nieto adulto intentará encontrar las palabras que nunca se dijeron y descubrir de qué están hechos sus propios silencios. José Molina creció en los años veinte rodeado de telas y mujeres en un comercio textil. Su juventud se quebró por la guerra y por una familia aficionada a los susurros, las supersticiones y las maldiciones femeninas. Se pasó la vida luchando, primero como recluta del bando nacional y luego como dependiente en una tienda llamada El Corte Inglés, a la que vio transformarse en un imperio, en el Madrid de Celia Gámez. Lejos de ser un héroe, acabó por convertirse en uno de tantos supervivientes. Sergio del Molino ha escrito una novela íntima y familiar en la que la memoria y el presente se mezclan en una crónica de España, un país lleno de silencios donde nadie dice nunca nada porque parece todo está ya dicho.”

Zaragoza en la novela

El 31 de octubre de 2014, tuve el placer y el honor de presentar Lo que a nadie le importa en la librería Hydria de Salamanca, con la presencia del autor y rodeados de buenos amigos. Fue una visita rápida, en la que apenas tuve tiempo de mostrarle algunos rincones de la ciudad, pero resultó muy agradable. Conocí a Sergio del Molino cuando a finales de 2005 mandé al Heraldo de Aragón una crónica sobre Joaquín Maurín, con la buena suerte de que le tocara a él acomodarla para su publicación en el cuadernillo dominical. Sergio comenzaba por aquel entonces a publicar su blog personal, tan ameno, y me acostumbré a seguirlo y a participar en las animadas tertulias formadas por los comentaristas habituales. Desde entonces hemos mantenido una relación epistolar, fortalecida con alguna que otra cerveza cuando voy a Zaragoza. No fue posible la presentación en Salamanca de La hora violeta, pero en esta ocasión Sergio ha hecho el esfuerzo de recorrer los seiscientos kilómetros que hay entre las dos ciudades. Regresó a su casa dejando buen recuerdo y llevando un hornazo de La Industrial, que son considerados los mejores de Salamanca. Desde aquellos tiempos en que comenzó a publicar el blog, Sergio del Molino ha pasado de ser un redactor de la sección de Cultura del Heraldo de Aragón, a uno de los escritores jóvenes españoles con mejor valoración y más proyección de futuro. Tiene publicados dos libros menores: Malas influencias (2009), un libro de cuentos, y El restaurante favorito de Nina Hagen (2011), una recopilación de entradas del blog, con el añadido de alguna entrada inédita. Ha publicado además dos libros que señalan rumbos literarios contrapuestos: Soldados en el jardín de la paz (2009) y No habrá más enemigo (2012). El primero es un larguísimo reportaje o trabajo de investigación acerca de los colonos alemanes del Camerún que se instalaron en Zaragoza en 1916, como consecuencia imprevista de la Gran Guerra, mientras que el segundo es una novela puramente de ficción, parcialmente ambientada en Zaragoza. Soldados en el jardín de la paz señalaba el camino de la narración que avanza pegada a la realidad, con la técnica del periodismo y la habilidad del novelista, sin desdeñar la presencia del autor como un personaje más del libro, en este caso un personaje secundario. Por su parte, No habrá más enemigo daba paso a una narrativa clásica novelesca. Sergio del Molino parecía dispuesto a seguir por el camino de la novela, cuando se cruzó en su camino la tragedia: la enfermedad y fallecimiento por leucemia de su hijo Pablo, con apenas dos años. Todos aquellos meses de dolor e incertidumbre se volcaron en La hora violeta (2013), un libro en el que Molino exponía a la luz pública su vida valiéndose de la técnica que llevaba años trabajando en el blog: la semblanza del personaje, la estampa callejera, el esbozo de ensayo, la reflexión intelectual basada en la observación de la vida cotidiana, la inmersión del autor en la narración. El siguiente libro de Sergio del Molino, Lo que a nadie le importa (2014), supone consolidar el camino comenzado con Soldados en el jardín de la paz y continuado por La hora violeta. Pues, en efecto, la historia que nos cuenta Molino en este su último libro publicado es la de su propia familia, articulada a través del abuelo José Molina, en la que ha investigado durante largo tiempo como si estuviera ante unos nuevos alemanes del Camerún, con la salvedad de que esta vez el origen de los personajes estudiados no está tan lejos. Uno de ellos incluso es él mismo. Podría ser una historia familiar insulsa y anodina, similar a la de tantas otras, pero este libro no trata tanto de lo acontecido al abuelo como de la relación entre el abuelo José Molina y el nieto Sergio del Molino, entre el joven empleado de una tienda de tejidos y confecciones que salió de Zaragoza para pasar la guerra civil en el ejército de Franco, trasladarse después a Madrid para trabajar toda su vida en El Corte Inglés, comprarse a la jubilación una casa en Bubierca para hacer como si su patria fueran aquellos ásperos montes, morir finalmente renegando de su mujer de toda la vida, Currita, y ese joven escritor, Sergio del Molino, nieto de José y Currita, que pasó su infancia en Madrid y la costa levantina, recalando en Zaragoza por casualidad, a quien el divorcio de sus padres le proporcionó una nueva familia francesa por la vía de Michel, el segundo marido de su madre; ese joven Sergio para quien el abuelo José es la figura que le hace escudriñar en su propia alma cuando su hijito ha muerto y su padre es una ausencia. ¿Dónde está el amor entre los hombres de una familia, de qué está hecho, en qué consiste? Lo que a nadie le importa trata de contestar a esa pregunta implícita en la inmersión de Molino en la historia de su familia, en la historia de la relación entre el nieto y el abuelo, mientras vemos cómo se desenvuelve alrededor de ellos la historia de algunos barrios de Madrid y de Zaragoza, siempre conducidos por la prosa impecable de Sergio del Molino. Me permitiré resaltar, por último, una curiosa coincidencia entre Lo que a nadie le importa y Salamanca. En un momento de su libro, Sergio del Molino menciona que su abuelo está sordo:

“No se me ocurre mejor música para invadir su silencio que las Suites para chelo grabadas por Casals durante la guerra civil española. Las escucho ahora, mientras escribo. Últimamente, las escucho a todas horas. (…) Es un Casals cabreado, furioso, obsesionado con la guerra que se sufre en España. (…) El arco se comba de rabia y de muerte (…) hay compases en que me parece que oigo crujir la madera de la caja, siento que el mástil se le va a astillar en la mano izquierda al cambiar de acorde. (…) Hay asco en las notas. El asco del hombre civilizado, el asco de la decencia.”

Muchos años antes, durante la guerra civil, Manuel Sánchez Rodríguez, Manolo el comunista, uno de los escasos militantes del POUM en Salamanca, pasó varios meses oculto en su casa de la calle Caleros. Durante el encierro se entretenía escuchando la radio:

“Don Pablo Casals daba conciertos de violonchelo, el instrumento que en sus manos recitaba la palabra más bella que pudiera decir un hombre. Era tal el sentimiento que expresaba, que me hacía vibrar de emoción el alma. El sonido del violonchelo de don Pablo Casals era inconfundible, y las seis suites de Bach, alguna de las cuales unas veces transmitía la BBC de Londres, y otras la radio de Barcelona, me estremecían con su canto de alegría celestial en medio de la lucha fratricida. Aunque con congoja casi siempre, resultaba para mí un placer el oir la dulzura de la voz varonil de las cuerdas, que hablaban más que sonaban en la lengua grandiosa de un poema sublime.” (Manuel Sánchez, Maurín, gran enigma de la guerra y otros recuerdos, Madrid, Cuadernos para el Diálogo, 1976, p. 156).

 La crítica ha dicho…

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